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25 septiembre, 2020
Cultura

el argentino que reinventó el western… y arrasó

La respuesta fue casi inmediata. Apenas iniciado el primer contacto, bastaron 10 minutos para recibir el primer e-mail. “Sí, me encantaría charlar. Gracias por escribir y por haber pensado en mí”, devuelve el mensaje con gentileza Hernán Díaz desde Nueva York, donde vive desde hace unos 20 años.

Sin dudas, su vida comenzará a tomar un giro inesperado: Hernán Díaz es el primer escritor argentino en ser finalista de un Premio Pulitzer. Este año, su ópera prima In the Distance (que podría traducirse «A lo lejos») fue aclamada por la crítica y por los lectores estadounidenses al punto que en abril fue distinguida para competir en la categoría “Ficción” por el prestigioso galardón. El premio se lo quedó la novela Less (Menos) de Andrew Sean Greer, pero mientras tanto Díaz también fue finalista del premio PEN/Faulkner a la mejor obra estadounidense en el mismo género.

In the Distance es un western no convencional en el que Håkan Söderström, un inmigrante sueco, atraviesa los Estados Unidos en 1850 en busca de su hermano que está perdido en Nueva York. Ambos se extraviaron en el puerto de Portsmouth, en el Reino Unido. El propio Díaz creció en Suecia, como hijo de exiliados políticos y, aunque volvió luego al país, estudió en Londres y en Nueva York. Hoy Es director adjunto del Instituto Hispánico en la Universidad de Columbia, donde edita la Revista Hispánica Moderna,

En diálogo con Clarín, Hernán Díaz (44 años) revela las principales características de su primer libro, el significado de haber sido seleccionado para un Pulitzer y su mirada sobre la literatura.

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El western romantiza la explotación insaciable de la naturaleza, el racismo, el fetiche de las armas, la frivolización de la violencia, el machismo, el genocidio, la avidez expansionista, la obsesión con la propiedad privada, el individualismoHernán Díaz

-¿Cómo es su novela?

-Es la historia de un joven sueco que emigra a los Estados Unidos alrededor de 1850. Junto con su hermano, se embarca rumbo a Nueva York. Jamás han estado en una ciudad (viven en una granja remota); no saben leer ni escribir; no hablan inglés. En un puerto en Inglaterra, se pierden en la multitud. Håkan, el más joven, se sube al barco equivocado y termina en San Francisco. Sin tener idea de la extensión o la naturaleza del continente, decide cruzarlo a pie para ir en busca de Linus, su hermano mayor, que llegó a Nueva York. La travesía de Håkan va a contrapelo de la historia, ya que la novela transcurre durante el período denominado el “destino manifiesto” de los Estados Unidos: la gran migración hacia el oeste de pioneros y buscadores de oro, entre otros. El héroe va hacia el este, contra esta gran ola.

-¿Cómo surgió la idea es escribir In the Distance y por qué?

-Fue pura casualidad: leí varios libros que transcurren en desiertos escritos por autores de diferentes tradiciones (Lermontov, Gutiérrez, Buzzati, T.E. Lawrence). Me pregunté si habría algo específico en cada uno de estos desiertos. Si solemos definir el desierto como una gran nada, ¿puede haber “nadas” diferentes? Y si no hay ninguna marca contextual, ¿se puede ser extranjero en un desierto? Estas preguntas llevaron a las cuestiones fundamentales de la novela: la soledad, la sensación de claustrofobia en medio de una extensión ilimitada, la desorientación total en el espacio (el personaje principal no sabe ni que la tierra es redonda) y en el tiempo: Håkan tampoco sabe su edad, en qué año vive ni cuánto pasa en cada lugar.

-¿Cómo llegó a ser finalista de la categoría “ficción” de un Pulitzer con su primer libro?

-No tengo idea de cómo el libro llegó a ser finalista del Pulitzer. El proceso es muy confidencial y no se sabe nada antes del momento en que hacen el anuncio. Estaba escribiendo en un café cuando de golpe mi computadora estalló.

-¿Qué significa para usted haber sido finalista de un premio tan significativo?

-Es muy difícil publicar un libro aquí, en los Estados Unidos. Llevo muchísimo tiempo escribiendo, sin encontrar una editorial o un agente. De hecho, tengo una novela entera inédita que escribí antes de esta. Por suerte Coffee House Press, una editorial independiente absolutamente increíble, decidió publicar In the Distance. Creo que ser finalista de este premio facilitará las cosas un poco en el futuro.

Biblioteca. Díaz, en su casa de Nueva York. /Adriana Groisman

Biblioteca. Díaz, en su casa de Nueva York. /Adriana Groisman

-¿Qué elementos ha tomado como referencia al momento de escribir In The Distance?

-He leído libros sobre literatura del siglo XIX. Me inspiré en novelas de aprendizaje y de aventuras, en varios relatos de naturalistas, en narrativas del mar y textos trascendentalistas. También traté de ser muy cuidadoso con el lenguaje: no quise abusar de arcaísmos o usar palabras con “color local”.

-¿Qué diferencias podemos encontrar en In The Distance con el formato de una novela de western americano tradicional?

-La diferencia más obvia es que el personaje va hacia el este y no hacia el oeste. Pero es solo la más superficial de las transgresiones. Dadas las implicaciones ideológicas del western, tuve que moverme con mucho cuidado. Debería haber sido el género fundacional de los Estados Unidos. Ofrece una visión romántica y glamorosa de las cualidades más cuestionables de la historia norteamericana: la explotación insaciable de la naturaleza, el racismo, el fetiche de las armas, la frivolización de la violencia, el machismo, el genocidio, la avidez expansionista, la obsesión con la propiedad privada, el individualismo a ultranza, la desconfianza respecto del Estado. Estos defectos aparecen como virtudes en el western. Y sin embargo este género nunca parece haber despegado en la literatura, sí en el cine. Me pareció que era una suerte de género abandonado. Y como tiene una carga política tan fuerte, se me ocurrió que ocupar y subvertir el western ofrecía la posibilidad de decir algo más o menos nuevo sobre la historia de este país y, al mismo tiempo, intervenir en su canon literario.

El oeste. Un sitio ya mítico en el cine estadounidense.

El oeste. Un sitio ya mítico en el cine estadounidense.

-¿Entonces, cómo explica al western en la literatura norteamericana?

-Tiene que ver con el carácter regionalista del género. No me parece que este provincianismo intencional se conjugue bien con las ambiciones de universalidad que tiene cierto costado de la cultura norteamericana. Pero es un enigma. Lo cierto es que hay precursores en la literatura estadounidense como Washington Irving, James Fenimore Cooper, Bret Harte, Stephen Crane, Mark Twain y Willa Cather. También hay escritores maravillosos que han escrito “anti-westerns”: Oakley Hall, John Williams, Cormac McCarthy, Charles Portis, David Markson… Pero, ¿dónde están los escritores que esos precursores deberían haber generado? ¿Dónde están los autores contra los cuales se escriben anti-westerns? Allí hay un vacío. El western clásico comienza en 1902 con The Virginian de Owen Wister. Medio siglo después de la “conquista” del oeste y décadas después del telégrafo, el ferrocarril, el alambrado y la Guerra Civil, cuando el oeste estaba totalmente domesticado. Autores clásicos del género, como Zane Grey son ignorados.

Na sede original da Biblioteca Nacional, Manguel criará o Centro de Estudos Internacionais Jorge Luis Borges

Borges. Una influencia fundamental.

-¿Se puede comparar al western con otros géneros literarios en cuanto a su influencia en la literatura?

-Si lo comparamos con dos otros géneros norteamericanos, el policial y la ciencia ficción, decimos que nunca llegó a tener una influencia mayor en la literatura. El policial evolucionó y tuvo un impacto inmenso en autores más allá de ese género. Nos enseñó que la realidad no está dada sino que es un enigma ser descifrado a través de la lectura de indicios. Lo mismo en la ciencia ficción, que muestra los límites y paradojas de la razón. En cambio, el western no hizo nada por el estilo.

-¿Podría darnos algunos ejemplos de los modos en los que su novela subvierte el western clásico?

-La mayor parte del libro transcurre antes de la Guerra Civil (1861-65) y la mayoría de los westerns transcurren alrededor de la década de 1880. En el período de mi novela, todavía no se había desarrollado la industria ganadera. En vez de vacas había búfalos en las planicies. Y como no había vacas, no había vaqueros. El mío es un western sin cowboys. El libro toma varias escenas estereotípicas del género y las distorsiona. Hay un duelo sin revólveres, indios que no son indios, caballos lerdos y enfermos… Otro elemento importante: durante casi toda la novela, el protagonista no está, en un sentido estricto, en los Estados Unidos. Su derrotero es a través de lo que se conocía entonces como los unorganized territories -inmensas extensiones que no habían sido incorporadas a la Unión, por ende, no eran parte del país-. Quería que Håkan fuera un extranjero total, hasta el punto de ser un extraño en lugar que ni siquiera es un país.

-Uno de los aspectos característicos de su novela es la manera de describir paisajes fascinantes, con una precisión que asombra a los lectores norteamericanos. ¿En qué elementos se ha basado en hacerlo?

-Honestamente, fue la imaginación. Otro elemento importante que me ayudó a inventar estos paisajes fue la lectura de literatura de viajes y relatos de naturalistas del siglo XIX. Son autores no demasiado frecuentados, pero sus textos son maravillosos: Richard Henry Dana, Francis Parkman, Narcissa Whitman, John Muir, William Bartram, etc.

-En varios pasajes de la novela usted hace hincapié en el aislamiento y en la supervivencia de Håkan Söderström, su personaje central. ¿Podríamos trazar algún paralelismo con aspectos de la vida real o de su vida personal?

-Sí. Hay ciertas correspondencias con mi vida. La principal es la experiencia de la extranjería. Aunque nací en la Argentina, mi familia se mudó a Suecia cuando yo tenía dos años. Si bien fui muy feliz allí, era un extranjero. Y cuando volvimos a Buenos Aires (ciudad de la que no tenía ningún recuerdo) me sentí fuera de lugar durante mucho tiempo. Ni bien terminé mi licenciatura en Letras me mudé a Londres y después a New York, donde vivo hace ya casi veinte años. Håkan está totalmente aislado. Tiene una soledad radical. Pasa años en la inmensidad de las planicies sin hablar con nadie. Y en cierto punto el paisaje lo devora casi literalmente: cava un túnel y vive bajo tierra durante un largo tiempo. Me interesaba esa tensión entre su soledad y la extensión virtualmente infinita del paisaje.

-¿Podríamos decir que hay un resurgimiento del western como ficción literaria a partir de In The Distance?

-Eso sería demasiado. También debería aclarar que el western sigue teniendo una presencia en las letras estadounidenses: se publican docenas de novelas al año. En general son libros comerciales que se venden en supermercados y estaciones de servicio y no están en librerías o en bibliotecas. Es un género que ha sido marginado institucionalmente por la crítica, la academia, las editoriales.

-¿Cómo ha logrado hacer un personaje tan fascinante para el público?

-Trabajé con varios límites formales. Håkan no sabe inglés y por ende ni el narrador ni el lector entienden las conversaciones en este idioma durante la primera mitad del libro. Otra restricción fue que no quería acceder demasiado a la “interioridad” de Håkan. Traté de explicar quién era a través de la suma de pequeñas acciones en vez de revelar sus pensamientos. Finalmente, está el aspecto fundamental de su cuerpo. Håkan es gigantesco. La idea era que, tras cometer un terrible acto de violencia, no se pudiera ocultar, que siempre fuera tremendamente conspicuo y que esto lo llevara a su aislamiento absoluto. Siempre me gustó la idea de un cuerpo titánico en el medio de esa vastedad.

¿Cuánto tiempo le llevó escribir In The Distance?

-Tuve esta idea hace unos 20 años. Antes de ejecutarla, escribí una tesis doctoral, un libro académico y aquella novela inédita que había comentado. Durante todo este tiempo, el proyecto seguía flotando en mi cabeza y empecé una vaga colección de lecturas y notas. Una vez que me puse a escribir el libro en serio, me llevó unos seis años terminarlo.

-¿Qué técnicas utiliza para la escritura?

-Como vivo con mi familia en un departamento bastante pequeño, entonces todo el libro fue escrito en bibliotecas y cafés. No soporto el ruido; siempre uso auriculares inmensos. Escribo a mano y después paso todo a la PC. También me mando emails a mí mismo todo el tiempo con palabras sueltas, oraciones e ideas.

¿Qué proyectos tiene a futuro?

-He estado escribiendo varios cuentos, algunos ya salieron o están por salir, y acabo de terminar un par de ensayos que se publicarán pronto. Y de a poco se va gestando una novela pero todavía se encuentra en un estado brumoso.

¿En qué idiomas podemos leer In The Distance?

-En junio sale la edición británica. También se publicarán las versiones en francés, italiano y ucraniano. Creo que pronto se traducirá al holandés y alemán.

-¿Y en Argentina?

-Es muy importante para mí que la novela se publique en castellano. Siento que el libro está incompleto sin esa traducción. Estamos considerando diferentes opciones.

-¿Cuál es su mirada respecto de la literatura latinoamericana?

-En In the Distance hay varias referencias a la literatura gauchesca. La más obvia es que el caballo de Håkan se llama Pingo. Creo que los escritores latinoamericanos que más me influyeron son de los siglos XIX y XX: Sarmiento, Lugones, José Eustasio Rivera, Silvina Ocampo, Asunción Silva, Rulfo, Saer.

-También ha escrito un libro sobre Jorge Luis Borges. ¿Qué ¿Qué significa él para su vida?

-Ocupa un lugar central. Durante mi adolescencia, sus textos funcionaron como guías de lecturas: trataba de leer todos los autores que me encontraba en sus cuentos y ensayos. No es sorprendente que mi primer contacto con el canon estadounidense (Emerson, Hawthorne, Whitman, H. James, Poe) haya sido mediado por Borges. Mi libro sobre él discute su relación con los Estados Unidos que es bastante rara en la tradición latinoamericana.

-¿Cómo está compuesta su familia?

-Somos tres. Mi esposa produce películas. Nuestra hija está a punto de cumplir 8. Va a segundo grado y es cinturón azul de karate.

-Usted ha vivido en muchos países: Argentina, Suecia, Inglaterra y ahora Estados Unidos. ¿Cómo lo ha marcado cada país?

-Son países radicalmente diferentes y tienen un elemento ficcional. Suecia es el país de mi infancia y a lo largo de los años se ha convertido en un lugar un tanto mítico. Mis primeros recuerdos de la Argentina no son del país mismo, sino de las historias que contaban mis padres en Estocolmo. Inicialmente, Buenos Aires fue una serie de relatos y luego pasó a ser real. Con Estados Unidos pasó algo similar: mi primer contacto fue a través de ficciones.

-¿Qué trabajos realiza como director adjunto del Instituto Hispánico y editor de la Revista Hispánica Moderna?

-RHM es una revista fundada en 1934 que publica artículos académicos sobre literatura, historia, filosofía y arte en la Península Ibérica y Latinoamérica desde la Edad Media al presente. Son textos muy especializados escritos en inglés y en castellano. Ahí edito los ensayos. El instituto está a punto de cumplir 100 años. Borges dio una charla en 1962.

-¿Tiene planeado venir a la Argentina para presentar su libro?

-Desde luego. No me lo perdería por nada.​

Ficha

Edad: 44 años.

Estado Civil: Casado con Anne, productora de cine. Ambos tienen una hija, Elsa, de 7 años.

Ocupación: Escritor. También es editor de la Revista Hispánica Moderna (RHM) de la Universidad de Columbia (EE.UU.).

Nacionalidad: Argentino. Vivió en Buenos Aires en dos oportunidades. A los 2 años sus padres se radicaron en Estocolmo (Suecia) y luego regresó al país hasta los 23, donde estudió Letras y se graduó en la UBA. Luego se radicó en Londres (Reino Unido) donde recibió una beca del British Council. También es ciudadano estadounidense. Desde hace 20 años que reside en Nueva York.

Libros: “In the Distance” (Editorial Coffee Press House). Antes, “Borges: between History and Eternity” (Editorial Bloombsury, 2012).

Argentinosy el Pulitzer

Solamente dos argentinos obtuvieron el premio Pulitzer, el prestigioso galardón que distingue los trabajos realizados por periodistas, reporteros gráficos, artistas y escritores, según la categoría.

Andrés Oppenheimer fue el primero. El reconocido periodista compartió el premio en 1987 con el equipo del Miami Herald que reveló el escándalo Irán-Contras.

En 2013, el reportero gráfico Rodrigo Abd, de la agencia Associated Press (AP), obtuvo el Pulitzer junto a otros colegas de España, México, Palestina y Jordania por su trabajo sobre la guerra civil en Siria en la categoría “Noticias de Último Momento”.

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