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22 mayo, 2022
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Colegiales: la comunidad educativa busca cambiarle el nombre a un colegio

Se da luego de que la Legislatura porteña cancelara su anterior designación que recordaba a un sacerdote antisemita, para lo cual considerará las propuestas que realice la comunidad educativa, que se inclina por la denominación Ana Frank.

De esta manera el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires iniciará el proceso para la elección del nombre de una escuela del barrio de Colegiales.

En la última sesión ordinaria de la Legislatura porteña, los legisladores por unanimidad derogaron la validez del acto administrativo por el cual se impuso el nombre de Monseñor Gustavo Franceschi a la Escuela N° 17 DE 14, publicado en el Boletín Oficial del Consejo Nacional de Educación 421 del 10 de julio de 1967, y dispusieron que la cartera educativa dé comienzo a las “acciones” para acordar una nueva denominación.

Es una iniciativa que comenzó en 2017 por un grupo de madres y padres del establecimiento de educación primaria situado en Enrique Martínez al 1400, del barrio porteño de Colegiales, que plantearon el tema ante la comunidad escolar y ante la Legislatura local, para que “la escuela deje de honrar con su nombre a un antisemita, que fue puesto en una dictadura y apoyó los golpes militares en Argentina”.

En el proyecto que fue respaldado por el legislador Leandro Halperin, argumentaron que “todas las escuelas celebran a sus patronos en actos escolares. En el marco de esa celebración, se recuerda la obra de la persona honrada con el nombre de la escuela. Es sumamente difícil imaginarse cómo una escuela podría transmitir las palabras, la vida, la obra, de Franceschi”.

Gustavo Juan Franceschi, que murió en 1957, fue un periodista y sacerdote que tuvo relevancia en el catolicismo político en Argentina, principalmente como director de la revista Criterio, desde donde impulsó la fundación del Partido Demócrata Cristiano local.

El texto, elaborado por el grupo de la comunidad escolar, destaca que Franceschi “no dudaba en considerar al pueblo hebreo como enemigo interno de nuestro país, pues era de la idea de que el comunismo, el espíritu judaico, la desorganización marxista y la ruina general de la economía ponían en peligro nuestra nacionalidad”.

Asimismo, recuerda que en Criterio “Franceschi mostró su postura acerca de que el problema de la democracia radicaba en la exposición del gobierno a la voluntad de la muchedumbre, que entorpecía, modificaba y anulaba su tarea”.

Si bien la comunidad educativa firmo en su totalidad el proyecto presentado, los autores fueron Laura Saldivia Menajovsky, Lisandro Pelegrini y Pablo Suárez, de la primaria de Colegiales. “De lo expuesto puede deducirse que la obra y vida de Franceschi se encuentra atravesada por un profundo desprecio hacia las personas judías y hacia la democracia. La Ciudad de Buenos Aires no puede avalar que una escuela primaria a su cargo honre con su nombre a tal persona”, remarca el texto que tuvo como

En tanto, Saldivia Menajovsky celebró la sanción del proyecto en la Legislatura al considerar que “el rechazo al antisemitismo no tiene partido político” y asegurar que “fue una experiencia multipartidaria porque tuvo un consenso transversal” al ser aprobado por unanimidad de los diputados y las diputadas, algo que no suele ocurrir en el Parlamento porteño.

La mujer agradeció a “mucha gente que nos apoyó” con el proyecto, entre los cuales mencionó a historiadores como Daniel Lvovich, Ernesto Bohoslavsky y Olga Echeverría; así como al director del Museo Casa de Ana Frank, Héctor Shalom, y la directora del Centro de Estudios Sociales de la DAIA, Marisa Braylan.

En tanto, será con el inicio del ciclo lectivo de 2022 que también arrancará el proceso participativo para elegir un nuevo nombre a la escuela.

La principal idea que se plantea es que la escuela primaria lleve el nombre de Ana Frank, la niña judía que se escondió en 1942 de los nazis durante la ocupación de los Países Bajos y escribió durante dos años todo lo que ocurrió en ese período hasta ser descubierta y llevada a un campo de concentración, donde murió en 1945.

Sobre el nuevo nombre miembros de la comunidad educativa plantearon que “sería una enorme reparación después de tantos años en que una escuela homenajeó a un antisemita”.

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