26 septiembre, 2022
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Reconocidos por su trabajo, recuerdan un día trágico como el golpe de Estado de 1976

Algunos eran jóvenes estudiantes, artistas y profesionales, algunos tuvieron que exiliarse, otros eran demasiado chicos y apenas podían entender la tensión en sus casas.

Esther Díaz (epistemóloga y ensayista):

“Lo que más recuerdo de ese día -que nunca me imaginé que iba a ser tan dramático, tan terrible, tan espantoso-, es que yo trabajaba en la Secretaría de Agricultura y Ganadería, tenía 37 años, y me impactó que una de mis compañeras era una militante muy de izquierda que todos los días decía malas palabras en contra de Isabelita. Yo también me daba cuenta de que había ‘un vacío de poder’, como se decía por entonces, pero siempre pensaba y trataba de hacer razonar a esta compañera que estaba tan enojada con Isabel Perón, que estábamos mejor en democracia. Y que con todos los golpes que habíamos sufrido en la Argentina –porque hay que pensar que con la larga edad que tengo, ya era el quinto golpe cívico-militar que estaba sufriendo, aunque los anteriores no tuvieron ni comparación–, en democracia siempre quedan recursos que no sean la violencia para poder deshacerse de un presidente que no funcione, como era el caso. Se puede hacer juicio político, manifestaciones, se puede tratar en el Congreso. Tanto antes como después yo siempre fui peronista. Y, por supuesto, no estaba de acuerdo con lo que hacía López Rega, pero sí en que había que hacer lo imposible por seguir estando en democracia. Pero esta chica estaba totalmente furiosa y, el 24 de marzo, siendo de extrema izquierda, festejó que los militares tomaran el poder y destituyeran a Isabel. Yo estaba azorada, no lo podía creer. Por supuesto no sabía lo que iba a venir después, pero lo tremendo, más que el 24, fue volver a la oficina después de ese día. Porque lo primero que nos enteramos fue que esa chica que había estado gritando por un golpe, porque sacaran a la presidenta de una vez, porque sacaran a esa inservible, fue la primera desaparecida que yo conocí. No vino a la oficina, llamamos a la casa y no respondía, la familia no sabía nada, y no volvimos a saber nunca más de ella. Independientemente de lo que pasó después, lo más impactante fue que no solo la derecha, como es esperable –porque siempre nos ha perjudicado– avaló ese golpe espantoso, sino que, por lo menos en la experiencia mía, esa persona de extrema izquierda y militante, también lo hizo.”

 

Nito Mestre (músico):

“Yo no tengo un recuerdo del 24 de marzo en particular, porque no registraba que ése era un día que iba a marcar la historia. Ya estaba acostumbrado desde muy chico a ver sucesos y golpes, y pensaba que era un hecho más. Aparte, se veía venir a rajatabla que algo iba a pasar desde octubre o noviembre del año anterior. Se veía venir que algo se estaba engendrando ahí, y para dónde iba a explotar no se sabía, pero ahí estaba. Ya se hablaba del derrocamiento. Pasó ese día, pero podría haber sido el 22 o el 27. Era eso: una cuestión de días. Lo que más recuerdo que me pasó, y que fue un suceso que para mí cambió todo radicalmente, fue una semana después del 24 de marzo. Yo estaba saliendo de Casa América porque habíamos hecho el recital de Sui Generis el año anterior y tenía que cobrar un dinero. Y me tomé un taxi con mi novia de entonces, sin documentos. Y pasan tres carros de asalto llenos de militares, que frenan a todos los autos. Me bajan de mala manera, me mete en la camioneta, un colimba apuntándome con un Fal en la cabeza. Me salvé porque un fan le gritó a la policía: ‘Se están llevando a Nito Mestre’. En esa época no éramos tan conocidos, y ni la cana ni los milicos me reconocieron. Yo olfateé y dije: ‘Prefiero ir a una comisaría y no que me lleven los milicos’. Estuve tres días en cana por falta de documentos. Fue mi debut a la semana del golpe del 76, y el primer efecto que yo viví en carne propia.”

Facundo Manes (neurólogo y neurocientífico)

“Cada 24 de marzo me viene a la memoria mi infancia en Salto, el club Compañía de enfrente de mi casa, la televisión en blanco y negro, el patio de mi escuela. Yo era muy chico en 1976 y recuerdo esas consignas que se repetían una y otra vez en las publicidades oficiales, el ‘cuidado’ de los grandes sobre lo que debían decir y leer, los gobiernos y las instituciones como cosa ajena, de pocos, de nadie. La lucha de tantos permitió que mi adolescencia transcurriera en democracia y darme cuenta de que las cosas podían ser de otra manera: que podíamos pensar lo que queríamos, y organizar el centro de estudiantes como el de nuestra escuela San Martín, reclamar a viva voz por los amigos que habían sido perseguidos, que la memoria, la verdad y la justicia persistan, y que nunca más sea nunca más”.

 

Dora Barrancos (socióloga e historiadora feminista):

“En la víspera del 24 de marzo estábamos sobre ascuas con mi compañero Eduardo, porque había rumores cada vez más insistentes de que el golpe venía. Pero nos acostamos, me acuerdo perfecto, y no había pasado nada. A la mañana siguiente nos despertamos temprano y por radio dijeron que el golpe ya había ocurrido. No puedo dejar de pensar en el famoso comunicado número uno, que lo volvían a pasar y era estremecedor, aunque todavía fuera absolutamente ignoto el encuadramiento que tendría dentro de esta feroz dictadura. Recuerdo ahora una de esas conversaciones erráticas con compañeras y compañeros de trabajo. Yo trabajaba en el PAMI, y unos días antes estábamos almorzando y hubo una reflexión sobre qué pasaría con los militares, porque como la Triple A hacía brutales asesinatos, había gente que pensaba que los militares iban a terminar con eso y que la represión iba a ser más prolija. Yo me acuerdo que, no porque fuera brillante en la clarividencia, dije: ‘Cuando vengan los militares vamos a ir a parar todos a una zanja’. Me salió del alma.”

 

Ricardo Gil Lavedra (político, abogado, fue miembro del tribunal del Juicio a las Juntas Militares)

“El 24 de marzo del 76 yo estaba viviendo en la casa de un amigo porque me había separado hacía poco tiempo. En ese momento yo era secretario letrado de la Corte de la provincia de Buenos Aires, de donde por supuesto me echaron. Me acuerdo de que muy temprano a la mañana me despertó mi amigo con la radio que daba cuenta de que habían detenido a Isabelita y se había producido el golpe. Es cierto que todos los diarios de la época ya anunciaban que el golpe se iba a producir. Recuerdo que ese día había un partido de Argentina y que nos reunimos con mis amigos a verlo. Y las conversaciones eran sobre qué iba a pasar, qué cuestiones iban a sobrevenir. Me acuerdo también de que a la tardecita fui al cumpleaños de mi tía, la hermana de mi madre, que cumple el 24 de marzo, y también estábamos todos a la expectativa. Me viene a la memoria esa incertidumbre de algo de lo que no conocíamos los alcances, cuando por supuesto no sabíamos qué se iba a desatar esa cuestión tan feroz, tan cruel y tan sanguinaria”.

 

Eduardo Anguita (periodista)

“El 24 de marzo del 76 tenía 22 años y estaba en la cárcel de Villa Devoto. Me habían trasladado en diciembre del 75 y las condiciones de detención eran muy malas, porque nos cortaban el agua, estábamos con raciones mínimas de comida, y prácticamente todo el tiempo encerrados. Los presos políticos sabíamos que llegaba el golpe, porque el 23 instalaron ametralladoras y fusiles dentro del penal. El 24 yo estaba en el celular dos y empezaron a ingresar efectivos del ejército del cuerpo de requisa de arriba para abajo. Estaba encerrado con dos compañeros, Jorge García Orgales y Gonzalo Carranza. Iban abriendo celda por celda y, además de los golpes, había una especie de inspección detallada de todo lo que teníamos dentro de la celda. Y acá viene nuestro pequeño triunfo: como nosotros hacía meses que sabíamos que la situación era brava y nos iban a quitar todos los libros, teníamos en papelitos de cigarrillos que escribíamos con lapiceras fabricadas, material que podía servir para mantener viva la lectura. Eran textos que alimentaban nuestro fervor revolucionario. Esa biblioteca la teníamos en papeles de celofán para evitar el contacto con el agua. Los poníamos en la ventana que ahuecábamos con una gubia y arriba les poníamos los trocitos de revestimiento para simular que era la ventana original. La cuestión era que mientras nos maltrataban, sabiendo que habían matado a otros presos, nuestra preocupación era que encontraran la biblioteca. Cuando nos pusieron de nuevo en la celda, nos abrazamos porque la biblioteca estaba intacta. Meses después, nos trasladaron. Gonzalo, que era un tipo que constantemente estaba de buen humor, que era un distinto, hasta hoy está desaparecido.”

 

Nacha Guevara.

“Nosotros ya estábamos exiliados y no nos sorprendió, porque era una continuación de lo que ya estaba. Fue casi enseguida: nos fuimos en diciembre del 75 y esto fue en marzo, y lo sentíamos como algo que iba a ocurrir en cualquier momento. Lo vivimos con tristeza, pero ya estábamos tristes. Y no nos podíamos regodear en eso porque había que comer: ¡estábamos cazando liebres!”.

 

Cada 24 de marzo se conmemora en nuestro país el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia para recordar a las víctimas de la última dictadura militar, proceso que se inició el 24 de marzo de 1976 a través de un golpe de Estado que depuso al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.

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