27 septiembre, 2022
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Retiro: Un brasileño abrió una cafetería de especialidad en el Barrio 31

Se trata de Diogo Bianchi de 41 años, es experto en café de especialidad, dueño de dos cafeterías y además trabaja para la cadena de hoteles Four Seasons donde tuvo reconocimiento, además, dicta clases de barismo en el Instituto Gato Dumas y en organizaciones sociales. El año pasado abrió un bar en el Barrio 31 para que sus alumnos de barrios vulnerables adquieran experiencia y desarrollen su talento

La idea de abrir un bar especializado en café en el barrio 31 de Retiro fue del barista brasilero Diogo Bianchi que inauguró la primera cafetería de especialidad en la Comuna 1, ubicada en Carlos H. Perette 586 y es administrado por tres empleados, con la finalidad de que sus alumnos puedan trabajar allí y adquieran experiencia.

Luego de haberse convertido en coffee máster de la cadena Four Seasons, profesor de barismo en el Instituto Gato Dumas, Bianchi posee una vasta experiencia en el rubro desde hace años, que también es dueño de la marca Arabicca Coffee Roasters y de dos cafeterías.

El local está un poco escondido y rodeado de negocios de comida rápida, pero lo distintivo está puertas adentro. Diogo, en su recepción, establece las condiciones: es obligatorio tomar café durante la entrevista. Tiene acento portugués paulista está mezclado con el castellano más porteño, debido a que vive en Argentina hace ocho años. Ante la pregunta que plantea si desea volver a Brasil en algún momento, responde riendo y sin dudar: “De acá no nos vamos. Tenemos el imperio armado acá, la empresa, los proyectos. Tengo un sentido de pertenencia en Argentina que nunca sentí en Brasil”.

Diogo, rodeado de sus hijos, Dante y Luca, responde a la primera pregunta ¿Por qué alguien apostaría al Barrio Padre Mugica para el lanzamiento de una cafetería de especialidad? “el café es la bebida más consumida en el mundo después del agua. Y había un nicho, un segmento muy abandonado, que es el segmento popular, básicamente los barrios vulnerables. Entonces el proyecto es educar para que las personas puedan progresar, que el café sea la plataforma para que ellos puedan desarrollar su talento e ir más allá”.

En el mismo sentido, explica cuál es la diferencia entre el café y el café de especialidad: “cuando nosotros hablamos de café de especialidad, hablamos de origen y de la cantidad de personas que están involucradas en la cadena de valor del producto. Cuantas más manos, más puntaje puede llegar a obtener ese café. Siempre decimos que el recurso más importante detrás de la taza, y que hace que algo sea de especialidad, es el recurso humano”.

Ubicado en Carlos H. Perette 586, el proyecto se llama Café By Diogo Bianchi, y el mismo emprendedor relata “es un centro socioproductivo donde alumnos de distintos cursos de capacitación barista trabajan en un sistema de pasantía para poder seguir aprendiendo y desarrollándose, y creciendo dentro de lo que es la profesión de barismo”.

Además, Bianchi relata que “la cafetería no tiene una finalidad económica, en principio. “Por supuesto que una empresa tiene que generar ganancias, sino no es sustentable en el tiempo, pero la intención principal es generar una cultura de trabajo y que en tres o cuatro meses se vayan los alumnos. Tienen que encontrar su rol en otra cafetería o proyecto que les permita crecer. Es un semillero”.

El dueño de Café By Diogo Bianchi relata que se adentró en el mundo del café en 2005. De familia militar, dedicó toda su vida a estudiar y trabajar para la fuerza aérea brasileña, hasta que entendió que no era lo suyo. A raíz de una invitación de una pareja amiga que tenía un café en Río de Janeiro, comenzó el quiebre en su vida. Al año se convirtió en gerente en la franquicia brasileña Vanilla Café, que lo obligó a hacer un curso de barista. “Fue pasión a primera vista”, describe Diogo. Por eso, decidió especializarse y trabajar durante cinco años en fincas de café de especialidad. Asegura que fue la universidad que no tuvo y lo que lo convirtió en un experto.

Ya para el año 2014, con su ex esposa se vino a Argentina, con la idea de quedarse tres meses por un trabajo, pero pasó el tiempo y nunca volvió a su Brasil natal. “Siempre tuve una inquietud con vivir allá. La carrera militar estaba armada desde el momento en que yo nací. Cuando dejé la fuerza aérea, mi papá estuvo tres semanas sin hablar conmigo. Después el futuro demostraría que yo no estaba equivocado. Como militar tenía don pero no tenía vocación, acá tengo don y vocación”.

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